Hará unos meses de eso. Puede que un año. Entramos en una bocatería, "my sky" y yo, a la salida de una función teatral, a comernos, pues eso, unos bocadillitos(de salmón, pollo con mojo picón, y jamón... a quien interese), en lo que esperábamos a que diera comienzo la segunda obra a la que habíamos sido invitados por mi gran colega V de Bemandetta. Ciertamente, como comprobaréis finalizado el texto, podía haberme ahorrado toda esta intro, no viene a cuento. Es cuchara, ni pincha ni corta. Pero bueno, me dio por ahí. También podía haberme ahorrado esta aclaración. Y ésta. Y ésta. Y ésta. Y...


Volvamos atrás. A antes de la primera función, cuando aún estábamos en casa.

Guiados por esa sinrazón intrínseca al ser humano que le lleva a: siendo invierno abrigarse aun cuando el termómetro marca cuarenta grados, y siendo verano pensarse el coger o no una sudadera aun marcando el termómetro diez, salimos a la calle portando nuestros anoraks, a cada cual más grueso.
Ni que decir tiene... hacía más sol que en Mercurio, con el correspondiente incremento gradual que ello supone. Ésto, el hambre, y el hacer tiempo nos llevó a refugiarnos en la susodicha bocatería. Ñam, Ñam.

Cuchara.

El caso es que en el local un cartel, colocado estratégicamente para fácil su visión entiendo, informaba, a los ciegos supongo, pues son los principales incumbidos, de que existían en ese establecimiento hojas de reclamaciones en braille. Una lástima que ellos, los incumbidos, no lo puedieran ver.





Por cierto, pido perdón a los interesados, se me olvidó comentarlo antes. Tomamos Nestea y Coca Cola. Sin hielo.

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