He aquí las alegaciones tras una maravillosa velada con la policía nacional.

Don Martín Iconli Mon

EXPONE

Estando sentado en unas escaleras próximas a los aparcamientos de la Casa Colón, aparecen de la nada varias unidades de la policía nacional (agentes de paisano inclusive), y peinan la zona.

Al verme un agente, él y su compañero se acercan, informando de mi presencia por radio.

Estando a una distancia lo suficientemente próxima como para adivinar mis facciones, el agente que mantiene la comunicación por radio pone en conocimiento de su interlocutor que no soy el sujeto al que buscan:

- ¡Negativo! ,- transmite,- individuo de raza negra.

Y me pregunta qué hago ahí, a lo que respondo mostrándole un envase de refresco del que sorbo: “bebiéndome esto”.

- ¡Ah! Bebiéndote eso… ¿Y los demás? ¿Ya se han ido?

- ¿Cómo?,- pregunto estupefacto.

- Si los demás ya se han ido.

- No he estado cono nadie,- aclaro un tanto contrariado.

- ¿Entonces que estás, sólo?

Quizá fue mi cariacontecido rostro oteando el desierto horizonte que nos rodeaba mientras daba una respuesta afirmativa a su cuestión lo que llevó al agente a explicarse embarazado.

- Es que te lo pregunto porque estamos buscando a tres chicos que acaban de robar unas tiendas.

- ¡Ah!, pues en media hora que llevaré aquí sois las primeras personas que veo,- pongo en su conocimiento, por si le sirve.

Se despide y se marchan, volviendo a informar por radio.

- Negativo, individuo de raza negra… no sé… está sentado “comiendo”.

Los agentes continúan inspeccionando la zona, y amplían su búsqueda subiendo hacia un, llamémosle, mirador. Inspeccionado éste vuelven a bajar. Al encontrarse con otros agentes les indican que nada, que no hay nadie, que sólo hay un chico (vacila) de raza (vacila) un chico negro “comiendo” aquí detrás. Se marchan.

Vuelta a la solitud.

Pasados unos veinte-treinta minutos decido acercarme al edificio situado frente al que me encuentro, con la esperanza de que corra menos el aire y haga menos frío ahí. No hay suerte, así que vuelvo a los orígenes, parándome casi al final del trayecto a leer una pintada que hay en la pared. Finalizada la corta lectura me abordan dos nuevos agentes (80*3* y 11*50*), y me piden la documentación. Es aquí donde se inicia mi carrusel de conductas desobedientes, insurrectas, pecaminosas, e incluso anticonstitucionales, me atrevería a decir.

¿Saco una pistola?, ¿Salgo corriendo?, ¿Prendo fuego al edificio?

No.

Simplemente me limito a preguntar cuál es el motivo de la identificación, mientras palpo los bolsillos de mis pantalones en busca de la cartera, que localizo. Una cosa bárbara, francamente bárbara y repudiable al parecer, pues de lo contrario no se explica que se me denuncie por negarme a identificarme, cuando consta de hecho que la diligencia se llevó a cabo, y no precisamente, añado, en los términos que recoge la sentencia del Tribunal Supremo de 20 de Diciembre de 1993, a la que posteriormente aludiré.

Pero bueno, con esto al menos he aprendido para futuros tratos con agentes de la autoridad que he de someterme a sus requerimientos sin hacer pregunta al respecto, pues como ciudadano no tengo derecho, aunque lo tenga, a informarme, siquiera someramente, del por qué se va a proceder a la diligencia que me privará del normal ejercicio de mis libertades, pues esto supone un signo inequívoco de sublevación contra los ya citados garantes de la seguridad ciudadana. Lo que viene a resultar un Estado de Derecho en sentido formal, que no material, vaya.

Prosigo.

Seguido a éste mi primer, que no último, acto de rebeldía, el agente 80*3*, malhumorado, me responde que cómo que por qué, que les entregue la documentación.

Ya con la cartera en la mano, abriéndola, les digo que sí, pero que por qué me motivo se me requiere.

El agente 11*50* me reitera que me limite a entregarle la documentación, que ellos la han solicitado y yo tengo que entregarla (cosa que obviamente ya sabía).

Se la entrego y le digo que vale, que supongo que el tampoco tendrá inconveniente en facilitarme su número de placa, a lo que me responde “aquí lo tienes”, acompañando sus palabras con la señalización del lugar en que aparece grabado su número identificativo. 11*0* entrega a su vez mi carnet a 80*3* que comienza a hacer las comprobaciones pertinentes. Me pregunta qué hago ahí.

- Transitando.

- ¿Cómo que transitando?,- interroga crispado.

Me tomo un segundo de reflexión en busca de una respuesta más acertada que no encuentro.

- Transitando,- respondo enarcando las cejas y encogido de hombros, y añado un par de sinónimos no sea a que la crispación se deba a un malentendido terminológico,- pululando, deambulando…

- ¿Transitando a las dos de la mañana? (me había entendido de primeras),- sigue gritando.

- Mmm… (vacilo), sí.

- ¿Cómo que sí?, ¿por qué?,- cuestiona en su tono (gritando).

Obvio la grosería que pasa por mi cabeza y respondo que eso ya corresponde a mi esfera privada, que simplemente estoy, eso, transitando, sin más, que no le puedo dar más explicación que esa porque no la hay.

Esto para 80*3* ya fue como despotricar contra algún pariente suyo. Subieron los decibelios. Su cuello adquirió las dimensiones de mi torso (exagero) o eso me pareció, de tan cerca que lo tenía con la cabeza inclinada en clara actitud amenazante gritándome y señalándome completamente rojo a no más de dos palmos de mi pecho que cómo que eso no le atenía, que estaba entorpeciendo una investigación policial al no decirle que hacía allí a esas horas. Amenaza con levantarme un acta por desobediencia.

A lo que respondo que no estoy entorpeciendo investigación alguna, pues se me requirió la documentación y la entregué, y que de eso de que no le he dicho lo que estoy haciendo nanai, pues se lo he dicho claramente, que si a él no le sirve que sólo transite no es culpa mía, pero es lo que estoy haciendo.

- Pero por qué.

- Pues porque estoy (vacilo) caminando… dando una vuelta.

- ¿A las dos de la mañana?,- repite, como si fuera una cosa de locos,- ves normal estar dando vueltas por la calle a las dos de la mañana.

Me encojo de hombros.

- Ni lo veo normal, ni lo dejo de ver normal, es simplemente lo que estoy haciendo.

- Pues yo no veo más gente que a ti ¿Ves tú mucha gente, te has cruzado con muchas personas en la calle a estas horas?

- No, pero… yo si estoy.

- Entonces no será tan normal ¿no?, si eres el único.

- Normal no sé, pero de lo que estoy seguro es que no es ni delito ni falta.

- Pero no es normal, y como no es normal, es lógico que si te veo caminando por aquí a estas horas, que no sé lo que estás haciendo, te pregunte.

- Sólo por estar a las dos de la mañana en la calle…

- No, no, por estar a las dos de la mañana en la calle y porque estamos buscando a unas personas y tú vas con la cabeza tapada y respondes al perfil que nos han descrito.

- No, si, ya,- corroboro,- si hace un rato unos compañeros vuestros han estado aquí preguntándome porque andaban detrás de tres que habían robado.

- ¡Lo ves!, ¡lo ves!- exclama triunfal,- ves como lo hacemos por algo, que no lo hacemos por que sí.

- Ya, lo que pasa es que ellos nada más verme han dicho “negativo, individuo de raza negra”, y tú ahora me estás diciendo que respondo al perfil de los ladrones.

(Vacila)

- Sí, pero es que,- se excusa,- yo a ti te he visto de espaldas, con los pantalones anchos así bajos como iban ellos.

- Ya, pero es que es ahora me tienes de frente y sigues igual, gritándome y tratándome como si hubiera hecho algo… y llevamos ya un rato.

- Llevamos ya un rato porque no colaboras. Te empeñas en hacerlo todo más difícil.

- Más difícil no, te he preguntado por qué me pedías la documentación, simplemente, no creo que sea tan grave, y ahora encima me dices que es porque respondo a un perfil que hace veinte minutos me han dicho nada más verme que no correspondo, repitiéndolo en varias ocasiones.

Vuelve de nuevo a salirse por peteneras con que no es normal estar a las dos de la mañana en la calle, y que encima si han robado y me ve encapuchado…

Supongo que deberían advertir en las etiquetas que las capuchas te puedan traer problemas con la policía. No sé, quizá reclame en consumo a la firma que fabricó la prenda por no especificar que sí, que es muy bonita, y resguarda y tal, pero es propia de delincuentes.

De esto he aprendido que aún está vigente el toque de queda, eso sí, en una versión mucho más light que la de antaño, consistente en que si caminas por la calle a según qué horas, se presupone que algo malo has hecho o estás tramando, de ahí que ya no sólo se proceda a identificarte, sino que además no servirá con que expongas a los agentes qué “pintas” allí (aunque en ningún lado se diga que está prohibido), sino que has de argumentar con razones de peso el por qué estás ahí, dado que el simple deambular por las calles es un derecho que al parecer tiene un horario (del que no dispongo y que ruego encarecidamente el agente 80*3* me facilite), pues a altas horas de la noche pasa a ser un derecho accesorio y/o causal, es decir, para la consecución de algo y/o por algo. Siendo evidente que se han de exponer esos motivos, los haya o no, y aun cuando estos se refieran a la vertiente más íntima de tu persona, esa de la que incluso excluyes a tus confidentes.

Continúo.

El agente 80*3* se retira un poco a comunicarse por radio, mientras 11*50* continúa ilustrándome y ensalzándome el buen hacer del cuerpo, y cargando sobre mí la responsabilidad de cómo ha ido sucediendo la actuación. Respondo que muy bien, que no tengo más qué decir, que ellos sigan haciendo lo que estimen conveniente, que yo lo que quiero es que acaben y me devuelvan mi identificación, y que de igual modo haré luego lo que crea oportuno.

Dejamos de hablar. Ya sólo lo hace 80*3*, por radio. En estas siento vibrar mi móvil y lo atiendo.

- Aquí ando con la policía… no sé, que otra vez más respondo a un perfil que andan buscando.

Los agentes se giran hacia mí.

- ¡Cuelga ese teléfono! ,- me ordena a voces 80*3* señalándome.

- ¿Cómo?,- pregunto, al no entender muy bien a qué se debía que ahora también se me restringiera el hablar por teléfono.

- ¡Cuelga! ¡CUELGA!,- sin dejar de señalarme, acercándose apresuradamente,- ¡Cuelga!

Antes de que pudiera preguntar el por qué de esta nueva ya estaba 80*3* estrujándome, placándome, inmovilizándome la mano para que no pudiera seguir hablando y colgara.

Al otro lado de la línea se oye un inquieto “¿qué pasa?... ¿estás bien?”.

- ¡Cuelga!

Me las apaño para que mi pulgar bloqueado llegue a la tecla adecuada y cuelgo.

- ¡Te estoy diciendo que cuelgues! (en su tono), qué ganas de complicarlo todo.

- ¿Pero por qué? ¿Tampoco puedo hablar?

- ¡No!, ¡No se puede llamar en medio de una intervención policial.

- ¿Pero por qué?, si no he hecho nada, y además me han llamado.

- No se puede llamar.

- Si es que no he llamado, me ha mi llamado mi pareja.

- Pues luego llamas.

- No tengo saldo.

- Pues ya te llamará otra vez.

- ¿Pero por qué no puedo hablar?

Me dice que en El Torrejón le ha ocurrido que el identificado, cacheado, o quien fuere, ha llamado a sus amigos mientras se le practicaba la diligencia y se ha armado la de San Quintín.

Reitero que yo no he llamado, que me han llamado, y una vez más 11*50* me repite que todo podría ser mucho más sencillo si no fuera por mi terrible tendencia subversiva.

Ni que decir tiene que mi terminal sigue vibrando, sin poder atenderlo, tan siquiera cinco segundos para tranquilizar a mi pareja, no sea que pida refuerzos a la Camorra y lleguen directamente desde Italia en un supersónico viaje Nápoles-Huelva sin escalas para rescatarme. Todo esto porque al haber tenido él, o un compañero suyo, no sé bien, una mala experiencia con un ciudadano descarriado, ya presupone que los demás (al menos yo) somos maleantes en potencia, lo que al cambio viene a ser como recelar de toda actuación policial por el simple hecho de que haya saltado a la palestra que en Coslada había algún que otro agente igualmente descarriado. Todo esto teniendo en cuenta también de que dudo sinceramente que en el puñado de minutos que llevábamos no hubiese tenido tiempo de terminar su diligencia. Y todo ello cuando, siendo objetivos, es decir, teniendo en cuenta que al igual que yo para ellos, ellos para mí eran también dos individuos a los que no conocía, dos individuos que llevaban cerca de media hora para llevar a cabo una diligencia que se resuelve en cinco minutos, que realizaban la diligencia basándose en que tenía unas características que momentos antes otros agentes me habían hecho saber que no tenía, que sus explicaciones eran incongruentes, que para colmo no me permitían comunicarme con nadie, el nerviosismo que suscitó en uno de ellos los escasos segundos en que lo hice, que me superaban en número, que estaban armados, que tienen una formación en materia de defensa personal de la que yo carezco, y la conducta agresiva de uno de ellos; puestos a sospechar y estar intranquilos, no se yo, la verdad, cual de las dos partes tenía más motivos para estarlo, si ellos, o yo.

Finalmente, después de media hora disfrutando de su agradable compañía, 80*3*me devuelve la identificación.

- ¿Qué vas a hacer?, ¿le vas a levantar el acta de desobediencia?,- se interesa 11*50*.

80*3* queda pensativo.

- ¿Lo firmarías?,- me pregunta.

- Yo te lo firmo, no tengo ningún problema.

- ¿Sí?,- se alegra,- ¿estarías dispuesto a firmarlo?

- Depende de lo que pongas,- recapacito.

- Si es que no habría que haber llegado a esto,- repite 11*50*,- si hubieras colaborado…

Le respondo más de lo mismo.

La cosa queda ahí. Emprenden la marcha al coche. Le pido a 80*3* el número de placa. Me lo da. Pregunto si tiene una cifra menos que el de su compañero, no sea que me haya enterado mal. 11*50* contesta que sí, porque tiene mucho más antigüedad.

80*3* ante la petición de su número de placa recita un discurso similar al de su compañero, añadiendo que hemos tardado por mí mucho tiempo para algo que es muy rápido. Reitero que no es culpa mía, que él había estado hablando por su radio y yo no me había dirigido a él en ningún momento, ni me he atribuido la potestad de cortar sus comunicaciones como él había hecho con la mía, así que si la cosa se había dilatado era por él que había estado demasiado ocupado gritándome y señalándome.

Me sermonea con más de lo mismo.

Digo que muy bien, que ya han hecho la identificación y han comprobado que estaba todo correcto, que no quiero seguir prologándolo más.

Vibra de nuevo mi teléfono. Por si acaso, no sea que vuelva a confundir mi mano con una pelota antiestrés, pregunto si ya puedo atenderlo, a lo que 80*3* me dice malhumorado que no.

- ¿Y ahora por qué no?,- replico.

- Porque estamos hablando,- responde.

- ¿Hablando? Yo no quiero seguir hablando, con quiero hablar es con mi chica que está preocupada, no contigo, que llevo ya un buen rato sin quererlo.

Afortunadamente 11*50* media.

- Venga, vámonos ya, déjale que hable.

Se van.

Al rato pasan a recogerme mi pareja, su hermano y su respectiva pareja. Acudimos a comisaría.

Tengo la grandísima suerte de que el agente que sale a atenderme es 80*3*. Allí, al interesarse por qué es lo que deseo, descubro que 80*3* sabe comunicarse con sus receptores sin necesidad de que el volumen de los decibelios emitidos por su garganta lleve su mensaje varias manzanas más allá de donde él se encuentra emitiéndolo.

Le digo que querría poner una reclamación en relación a una actuación policial que no me ha parecido del todo correcta.

Me remite al juzgado.

Mi pareja intenta que le aclare por qué me privó de atender su llamada. Éste lo hace gustosamente.

Salen todos los agentes de la comisaría, en manada. Me alegro al reconocer entre ellos al agente “negativo, individuo de raza negra”, pues con su testimonio puede corroborar la incongruencia y la arbitrariedad a la que se me sometió. Para mi sorpresa, al plantearle mi problema me dice, acalorándose a medida que hablaba, que esos dos agentes eran sus superiores (quizá no fue superiores el término que utilizó, pero era similar), y que en su opinión habían actuado de una forma correctísima (en superlativo), que él en su lugar me lleva al calabozo o me levanta un acta por desobediencia, para luego acabar decidiendo levantármelo:

- ¿Sabes lo que te digo?... que encima vienes a protestar en vez de estar agradecido de que no te hayan levantado el acta...que ahora te lo levanto yo.

Alucino.

Todo ello en una atmósfera hostil en que todos los agentes ahí reunidos alzaban la voz y nos trataban de forma despótica (miento, 80*3*, 11*50* y otro agente que estaba algo retirado y no intervino, no), mandando callar, diciéndonos que no nos dirigiéramos a ellos en el momento en que alguno se refería a algo que anteriormente habían dicho (cuando eran precisamente la mayoría de ellos los que sobraban en la conversación, máxime teniendo en cuenta para lo que lo hacían), por el mero hecho de estar disconformes con la actuación de compañeros suyos, pues al parecer se sentían ultrajados por ello, pues, por lo que desprendo de lo que decían y cómo actuaban, su razonamiento es que si ellos salvaguardan la ley, y tú estás en desacuerdo con su labor, irremediablemente estás actuando contra la ley, de ahí que no pararan de repetirnos una y otra vez hasta la saciedad la necesidad, las bondades y la importancia de la labor que desempeñan (no sé por qué, no recuerdo que ninguno de nosotros luciera una camiseta con la cara de Bakunin), con una función pseudopedagógica propia de quien se dirige a niños que estaba completamente fuera de lugar. Por lo que parece están para protegernos del menoscabo sufrido por otros ciudadanos, pero no del producido por otro miembro de las fuerzas de seguridad (no sé si porque su condición de agentes lleva aparejada a su vez la de infalibilidad, o si bien es porque lleva aparejado el privilegio de no sometimiento a la legislación. Es una duda que me gustaría me resolvieran, más posibilidades no hay). Y es que, ni que decir tiene, que de haber acudido allí para reclamar la conducta de mi vecino fontanero, en vez de la de un compañero suyo, el trato que hubiéramos recibido habría distado en mucho del que se nos brindó.

- O sea que me vas a levantar un acta por venir a reclamar un suceso en el que tú no has estado.

- Si.

- Ok… tomo nota.

- ¿Eso es una amenaza?,- interviene un agente rapado.

- No, sólo tomo nota.

- A mí me parece una amenaza.

- A mí también,- corrobora el agente denunciante.

Me giro.

Echan a mis acompañantes a empujones, quedando yo sólo dentro. Otro agente (el más alto de todos), cierra la puerta, diciendo que tendrían que haber levantado acta de desobediencia a todos, que no se puede consentir.

Espero que el agente termine el acta con la mirada perdida. Un agente de fina barba perfectamente alineada, que está tras el mostrador me “invita” a que deje de mirar las pantallas de las cámaras de vigilancia (en las que se ven partes de la comisaría tan confidenciales como el garaje), porque no me interesa. Acto seguido, otro, que no podría determinar, me “invita” a que no me apoye en el mostrador, en que estaba acodado esperando, pues no es la barra de un bar. Sin nada que hacer ando un poco en pequeños círculos, como quien espera fuera en un parto, por hacer algo, y los agentes me “invitan” a que me esté quieto en un sitio (he aprendido que transitar, pulular, sólo da problemas), el que ellos me dicen, obviamente.

El agente rapado empieza hablarme con aspavientos propios de El Neng de Castefa (literalmente), para luego más calmado preguntarme cuanto tiempo llevo en Huelva. Respondo que un año. A lo que ahora pregunta si he necesitado alguna vez ayuda de la policía. Digo que no. A lo que dice que claro, que todavía es pronto, que ya la necesitaré y entenderé mejor su trabajo.

Mientras “negativo, individuo de raza negra” termina de cumplimentar el acta, le pregunto si puedo coger mi teléfono. Me dice que no (amparándose en… no sé, entiendo que en su propio capricho), de ahí que me refiera a él como negativo para individualizarlo, y no por su número de placa, pues a falta de papel y bolígrafo, era en el teléfono donde apuntaba las identificaciones. En eso momento iba a hacerlo aprovechando que la tenía a la vista, pero no pudo ser.

Negativo finaliza el acta y lo entrega a 11*50*, que lejos de declinar la proposición actúa en connivencia con él y la firma. Seriedad, profesionalidad y ética son las tres palabras que se me pasan por la cabeza en ese momento, para la búsqueda de antónimos, claro.

Negativo me dice que si quiero copia del acta. Le digo que sí. Me dice que entonces tengo que firmarlo. Declino la proposición y me devuelve la documentación.

Le pregunto si ya puedo coger el teléfono del bolsillo. Responde que si no voy a sacar nada con lo que poder atacarle, sí. Reformulo lo que ha dicho y se reafirma: “Sí, que si no vas a sacar nada con lo que atacarme, sí.”

Muy simpático. Muy gracioso. Deberían ascenderle.

No sé por qué todo este circo me recuerda un poco al experimento de la cárcel de Stanford, y por ende a Das Experiment. Nada nuevo bajo el sol.

Cuando salgo se me ha olvidado su número de placa, y tampoco es que me muera de ganas por volver a entrar, así que me acerco a mis acompañantes, que hablan con 80*3*.

Me pregunta mi edad. Se la digo. Me dice que a él a mi edad no se le ocurriría preguntarle a un agente por qué le piden la identificación (como si fuera algo malo).

Es entonces cuando comprendo un poco su actuación y lo eximo en cierto modo en mi fuero interno, pues si no ve normal hacer valer su derecho para sí, es normal que siquiera contemple dejar que otros lo ejerzan, y lo vea como una ofensa.

No obstante, respondo que yo a su edad no me pondría a gritar y señalar a alguien de mi edad por el mero hecho de que se interesa de por qué razón le piden que se identifique.

Me dice que no es así, que el ha actuado de forma correcta, porque, ojo al argumento, me ha dicho Hola, y se ha dirigido a mí en términos de usted.

Dónde íbamos a parar. Entonces sí, ante eso me quedo sin palabras, nada que refutar al respecto, pues bien sabido es que “hola y usted” son el paradigma del buen comportamiento, y que una vez nombrados ante ello no cabe argumento en contrario. El que preceda a gritos y gestos amenazantes son minucias irrelevantes.

Dos agentes vestidos de calle entregan unas mochilas a 80*3*, el material de trabajo supongo, tras haber concluido la jornada laboral, y se marchan.

Damos más vueltas a lo sucedido. Nos vamos.

Esto es en resumidas (que no escuetas) cuentas lo sucedido en esta noche para olvidar para el recuerdo. Quizá resulte excesivamente extenso, máxime si se compara con el contenido de la denuncia… aunque bueno, quizá la parquedad de su relato, la falta de detalles y el no ahondar en ellos, se deba a esencialmente a que el agente que lo redactó no estuvo presente en el momento de los hechos, y claro, al andar un poco justo de datos, aunque quisiera, tampoco podría entrar en muchos detalles.

En cuanto a la diligencia que se me efectuó cito textualmente la sentencia del Tribunal Supremo de 20-12-1993, añadiendo acotaciones en forma de paréntesis “Lo único exigible para que sea lícita la suspensión de la libertad de circulación por el breve plazo (fueron 30 minutos, que en comparación con una vida quizá resulte irrisorio, pero que en lo que a una identificación se refiere es a mi entender excesivo) de la práctica de una diligencia de control o registro callejero es, de un lado, que exista una norma que ampare la actuación de la autoridad o sus agentes y, de otro, que se respeten los principios de proporcionalidad y exclusión de la arbitrariedad (se me identifica por algo para lo que minutos antes por otros agentes estaba categóricamente descartado), de modo que la actuación que la ley autoriza de modo general aparezca racionalmente indicada en el caso concreto y se practique sin excederse de lo necesario para su buen fin, esto es, que no rompa el equilibrio entre el derecho y su limitación (el teléfono)”.

Por todo lo anterior

SOLICITA

Ser eximido de la sanción propuesta.

a 21 de Diciembre de 2009

Firmado: Diávolo






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Veamos en que queda la gracia.

- Te doy un título, y tú has de construir con ello una historia en cinco minutos,- me dijo mi buena amiga Tamar.

Hé aquí el resultado.


TÍTULO: COMUNICA


- ¿Comu quién?

- Comu Nica.

- ¿Quién es Nica?

- Nicanora. Gimes igual que ella.

- Pero... ¿Tú no eras virgen?

- Lo era.

- ¿Lo eras?,¿cuándo?

- Hasta que te conocí.

- ¿Eh?, no me quieras volver loca... según tú jadeo igual que esa tal Nica cuando estoy a punto de llegar al orgasmo ¿Y dices que eres virgen?

- No, ya no, lo era.

- ¿Y cómo demonios sabes como jadea? ¿Os tocábais?

- ¡Ójala!

- ¿Ójala? Tío eres patético.

- Es que...

- No hay es que... no hay es ques que valgan, cerdo mentiroso.

- Pero que yo no te he mentido.

- ¿Ah no?

- No.

- ¿Y entonces qué? ¿eres un sucio y asqueroso voyeaur piñuelero que se emociona escuchándo al otro lado de la pared a su vecina de al lado?

- No exactamente.

- ¿No exactamente? ¿Eso qué quiere decir que no es la de al lado, sino la de arriba?

- No...

- ¿La de abajo?

- No, ella es actriz... actriz porno. Una estrella, es genial, de las mejores que conozco.

- ¿Actriz porno?

- Si.

- ¡Aaaahhhh, bueeeeeno!!!

- ¿Qué?

- No se si te he dije que soy actriz de doblaje.

Voy por la calle y la gente me habla a gritos y/o con señas.

Negrura, esa nueva forma de sordera.

Sigo caminando, me encuentro con dos colegas.

- Pero tú eres distinto, no eres como los otros negros,- me dice en un momento de la conversación.
- Sí, tienes un rollo distinto.
- Los demás, no sé, no me caen bien. Tú eres como nosotros.
- ¿Pero a cuántos demás conoces?
- A ninguno.
- Es curioso, pero tengo un huevo de primos, y a todos, sus colegas les cuentan la misma mierda.

Negrura, ese sinónimo de Jet Li, "El único".

Veo una patrulla de policía. La patrulla de policía me ve a mí. La patrulla se salta un semáforo en rojo (si estuviera en verde no estaría saltándoselo) a ciento cuarenta kilómetros hora, en una zona en la que las señales de fondo blanco y círculo rojo limitan la velocidad a sesenta; atraviesan un cruce invadiendo el carril contrario, en plan kamikaze, y provoca la colisión en cadena de decenas de vehículos que circulaban en la dirección que según la normativa vial dice, es la correcta.

Un espectáculo dantesco. Humo. Sangre. Niños pidiendo socorro. Disparos entre mafiosos que se perseguían. Apuñalamientos. Jaleo. Mujeres con contracciones. Mujeres de parto. Gritos. Puñetazos entre ejecutivos que llegan tarde a la reunión más importante de sus vidas. Escupitajos. Más gritos. Cláxones. Gasolina. Fuego. Patadas. Explosiones. Cuerpos desplazados por la onda expansiva…

Todo para acabar haciendo un espectacular y chirriante derrape de quinientos cuarenta grados, es decir, de vuelta y mitad, frente a mí.

- ¡Documentación!,- exige. Sólo a mí.

Negrura, ese sinónimo de delincuencia.

Le preguntó por qué. Me responde que se han producido una serie de robos por la zona, y respondo al perfil de los atracadores.

- ¿Perfil?,- respondo,- ¿qué me hablas del Facebook? Yo no tengo Facebook, amigo, te equivocas de persona.
- Documentación por favor.

Se la muestro.

- No, así no, entréguemela. No me la voy a llevar,- dice buscando la mirada cómplice de su compañero, que guarda las formas.
- Supongo que ahora después cuando te pida el número de placa también confiarás en mí y me la dejarás para que la tiente.
- ¿El número de placa? ¿Por qué? ¿Para qué?
- He oído que anda un grupo organizado de polis corruptos actuando por la zona… se dedican a saquear, a linchar, a putear a los buenos ciudadanos de a pie en general, por mero divertimento y en beneficio propio y… la verdad, respondes al perfil de cabo a rabo, tanto que estoy a punto de hacerme pipí encima de la congoja… así que… supongo que me dejarás que coja tu placa para tomar nota de tu número y hacer las comprobaciones pertinentes.
- No se me permite.
- A mí tampoco.
- Está bien, súbase en el coche.
- Esa mujer no está bien,- digo, señalando a una parturienta desfallecida.
- Sú-ba-se en el co-che.

Lo hago.

- ¿Qué coño hace?,- me pregunta de muy malas maneras uno de los agentes bajándome del capó a tirones,- ¿no le he dicho que suba al coche?
- Eso he hecho.
- Así no, en el interior.
- Querrás decir que entre.
- Pues claro, lógicamente.

Polisemia.

Entro. Partimos.
Me siento uno de ellos ahí dentro. Escuchando su radio.

A la entrada de comisaría me encuentro con un amigo policarpo. Hace que me suelten. Llego tarde a clase. Hecho a correr. De milagro logro esquivar el pelotazo de unos críos que juegan al fútbol, han estado a punto de volarme la cabeza con el balón.

Oigo un PUM, detrás de mí, miro, ha pegado en un coche, suena la alarma. La dueña grita histérica desde el balcón. Se va a liar parda, pero no puedo pararme a ver como termina la cosa, y sigo corriendo.

A los pocos metros noto el peso de un individuo caer sobre mí y caigo derribado sobre el asfalto. Es un placaje en toda regla. Pero aún así grito ¡TOUCH DOWN!, mientras el agente que me inmoviliza me lee mis derechos. El pobre ha oído una alarma, me ha visto esprintando y le ha sido imposible evitar relacionarlo.

Negrura, ese sinónimo de delincuencia (bis).

Me siento Michael Scofield. Otra vez a comisaría. Es mi particular Día de la Marmota.

De camino al coche informo a mi captor de que pierde el tiempo porque en la comisaría tengo mano.

No parece importarle. A sus ojos tengo menos credibilidad que la tensión defensiva de un contrincante de los Globe Trotters. Sonriendo se desprende de la sudadera, Poliéster, y busca algo en sus jeans frente a un Focus color azul, supongo que será secreta. Saca unas llaves… y abre el Ford.

Pa’ dentro.

Circulamos. Enciende la radio. No es endogámico. No hay códigos alfa, sino una canción que dice algo así como “negros de mierda, parecen cucarachas que se amontonan en la basura…”.

Me mira sonriente por el retrovisor mientras la tararea. Es un cachondo. Le digo que por mí no hace falta que se haga el duro, que puede ponerse Kiss FM tranquilamente. Sube el volumen.
“negros de mierda, no sirven para nada y van derechos hacia la fisura…”.
Me siento pisoteado, como las cucas.
Ríe, con un palillo en la boca.
Parados en un semáforo reajusta el retrovisor para vernos mejor. Está disfrutando con cada segundo de la canción. Al fin se acaba.
Me apunta con el cañon.

- Pide otra,- me ordena.

Con los testículos bien subidos, hasta la mollera, me dispongo a hacerlo, parezco Mickey Mouse con esas dos bolas sobre la cabeza.

- Espera.

Rebusca algo en la guantera, sin dejar de encañonarme. No acierto a ver.
Se oyen cláxones detrás nuestra. El semáforo está en verde, y debe haber unos quince metros de asfalto desierto entre él y nosotros. Hace tiempo que debíamos haber arrancado.

- ¡Ahora!,- exclama de súbito emocionado incorporándose con una videocámara en mano cuyo objetivo dirige hacia mi,- pide otra, y hazlo bien, o te frío.
- ¡Otra!,- grito lo más entusiasmado posible dando una palma que lo acompañe.
- Así no. Con más énfasis, como una colegiala de Super Pop.
- ¡OTRA, OTRA, OTRA!,- suplico desgañitado sin dejar de dar palmas y visualizando a una adolescente en camiseta blanca de tirantes llena de pulseras y con la vena del cuello apunto de estallar mirando hacia arriba, al escenario, hecha un mar de lágrimas.
- Como no, mi querido amigo,- me complace y vuelve a ponerla,- estarás deseando cantarla.

No sé que contestar. Busco asesoramiento en mi tuerto enemigo Parabellum, que no me quita ojo de encima, su oscura mirada me recomienda que sí.

¡Hala!, ¡ya está!, ¡convencido!

Canto-uo-uo.

Polifacético, el improvisado cámara se deshueva contemplando su obra.

Siguen sonando cláxones.

Al fin acaba la canción y arrancamos. Volvemos a frenar. El semáforo está en rojo.

Llegamos a nuestro destino, bastante apartado, hace lo menos veinte kilómetros que dejamos atrás la comisaría. No me gusta. No me gusta nada.

Me hace bajar, perdón, salir, cámara en mano, frente a un garaje. Golpea el portón con los nudillos.

- Once ocho ,- se oye desde el otro lado.
- Ochenta y ocho,- chilla él.

Se abre la puerta.

- ¡Ohhhhhhhhhhh!,- exclama el anfitrión gozoso al verme,- mirad lo que nos traen aquí…
- ¡Un monito! ,- grita la muchedumbre al unísono desde dentro.
- ¡Uhhhhh! ¡Uhhhhh! ¡Uhhhhh! ¡Uhhhhhhhhh! ¡Uhhhhh!,- berrean, monean siendo más exactos, un poco descompasaos para mi gusto, acercando y alejando sus dedos hacia los sobacos del mismo brazo en plan chimpa… como si estuvieran transportando sandías para que nos entendamos.

Paso dentro.

Alopecia. Rojo amarillo y rojo. Ketchup y mostaza. Ketchup y mostaza. Águilas. Piezas de Tetris negras superpuestas sobre círculos blancos situados en el centro de banderas rojas. Bolas negras de billar unidas, por DIC, de dos en dos.

En el centro de la sala, una multitud enfervorizada que constituye la mayoría de los presentes, se agolpa desnuda (de cintura para abajo), con los pantalones arrastrándose a la altura de los tobillos, y, en general, erectos, rodeando entre gritos, saltos, aspavientos y carcajadas a un joven amanerado que canta mientras es sodomizado por uno de ellos. Le están grabando. Un tercero sujeta un papel delante suya, con lo que supongo por los vistazos fugaces que le echa mientras canta, es la letra que han preparado para él para la ocasión. Logro reconocer la sintonía, que me era tremendamente familiar, es de David el Gnomo. La letra en cuestión, entrecortada por las embestidas y algún que otro gemido lejano al placer, dice así:

“Soy un homo.
Un humanoide homosexual.
Y me en encanta practicar
el sexo anal.
No hay,
quien me pete más fuerte que tú,
ni mejor.
Me duele, pero es un dulzor.”


Las risotadas van en aumento.

Un reguero de sangre brota del interior del joven sodomizado manchando los muslos de uno y otro.

- ¡Uy, pero si tiene la regla!,- se oye de fondo.

Carcajadas.

- Es una nena,- apunta una de las pocas chicas asistentes.
- JAJAJAJA,- ríe la manada.
- ¡ES UNA NENA!, ¡ES UNA NENA!- corean a viva voz señalándole,- ¡TIENE LA REGLA! ¡TIENE LA REGLA!...
- ¡Qué pena! ,- grita el verdugo dejando su puesto a otro,- ¡yo que quería tener un hijo con él y está con el periodo!

Un carrusel de ingeniosos comentarios se oye en el tumulto cuando el nuevo verdugo toma lugar a su espalda y le obliga a cantar el Soy un homo.

- ¿Qué miras ahí? ¿Al Mandinga?,- le pregunta con virulencia estrujándole cráneo y mejillas con sus poderosas manos y dirigiendo su mirada hacia mí,- ¿eso es lo que quieres? ¿Qué te encule él no? No te basta la mía… quieres el enorme badajo del Mandinga… avaricioso. Quieres gigantes pollas negras reventándote el culo, eso es lo que te pone bien cachondo y hace que se te endurezcan las pelotas, no, marica.
- Yo creo que sí Mario,- dice otro,- lo que le volvería loco al maricón sería que le perforara el Mandinga con su gran trabuco.
- Lo está deseando,- señaló otro,- toda la mierda se junta, deja que se lo folle y sea feliz.
- ¿Sí?, ¿eso es lo que quieres cariño? ¿Te gustan los Mandingas?,- preguntó besando su frente excitado,- pues te va a abrir el ojete el negrazo, estamos aquí para que disfrutes, para hacerte feliz, a ti te encanta que te porculicen… y para eso nos hemos reunido todos hoy, para uno a uno hacerte gozar… mira cuantos han acudido al llamamiento… todos para ti… no podrás quejarte… es el paraíso… a mi me encantaría que un día alguien hiciera esto por mi y reuniera a tantas mujeres, que es lo que me gustan a mí, las mujeres, para que vinieran expresamente a follarme una tras otra y otra tras una… mujeres de todo tipo: altas, bajas, morenas, pelirrojas, delgadas, macizas... y que de repente apareciera una supertetona rubia a la que me quedara mirando, y el chochito moreno que me estuviera montando se diera cuenta, y me preguntara si me pone esa rubia de grandísimas tetas, a lo que yo sin duda respondería que sí, que me encantan las rubias de tetas grandes en las que perder la cabeza, las manos, la lengua, el rabo… y que nada me daría más gusto que tirármela salvajemente delante de todos ellos…y ella, me concediera el deseo. Eso sería magnífico. Y aquí lo dejo caer por si alguien bien me quiere y decide regalarme esa macro orgía por la que yo le estaría eternamente agradecido. Así que si a ti te ponen las pollas anaconda, yo te ofrezco a un tío que tenga más cola que el INEM, te ofrezco un Mandinga.

Negrura, ese alargador natural y bomba de vacío fálica.

- ¿No es así Mandinga?,- me pregunta,- ¿no tienes más cola que la fábrica de Superglue?
- Eh? Que-que-que va, que va- respondo nervioso,- no-no-normal, como todo el mundo.

No pareció convencerle.

- Venga ya, Mandinga, no seas modesto, sincérate,- dijo apuntándome con la pistola ése del que al capturarme creí era policarpo, ahora me siento mal por haber pensado mal de las Fuerzas de Seguridad del Estado,- todos sabemos que podrías ser perfectamente el símbolo publicitario de Rabobank.
- La verdad es que la primera vez que visité a mi urólogo, el hombre al verme la pieza pensó que era una variante de elefantiasis.
- Noooooooo jooooodas…

Esto si le pareció una respuesta coherente.

- … jajajaajaja… queeee fuerte. Menudo trabuco gastas.
- Lo ves, lo ves. Te traigo calidad, pata negra… nunca mejor dicho. Pero antes de disfrutarlo, permite que termine de homenajearte, yo también he venido a darlo todo por ti, no está bien que me menosprecies.
- ¡Pero canta!,- gritó el cámara.
- Eso es, canta, canta, que trascienda tu alegría.

“Soy un homo.

- ¡Es una fiesta!

Un humanoide homosexual.


- ¡Sí, una fiesta!

Y me en encanta practicar.

- ¡Canta, joder, canta! Más alto.

EL SEXO ANAL.

- ¡Desde el principio coño! ¡Es una fiesta!

SOY UN HOMO.

- ¡Más alto, joder, más alto!

¡¡SSOOYY UUNN HHOOMMOO!!

- ¡Con alegría!

¡¡UUNN HHUUMMAANNOIIDDEE…

- ¡Con gratitud! ¡Es una fiesta… para ti! ¡Es una fiesta!

¡¡HHOMMOOSEEXXUAAL!!

- ¡Te queremos maricaaaaa!

¡¡YY MMEENCAANTTAA!!

- ¡Eres un jodioporculo hijo de puta!

¡¡PRAACTICCAAR!!

- ¡Un puto perro de mierda!
- ¡Una puta escoria!
- ¡Una vergüenza para la nación!

¡¡EL SEXO ANAL!!

- ¡A los perros! ¡Abría que darte de comer a los perros!
- MÁS FUERTE, QUIERO OÍRTE A TI, NO A ESOS HIJO PUTAS.

¡¡¡NNNOOO HHHAAAYYY!!!!

- ASÍ, BIEN, ASÍ. ASÍ, JODER, ASÍ. ASÍ. ASÍ. DIOS.

¡¡¡QUIEN ME PETE MÁS FUERTE QUE TÚ!!

- ¡ES UNA FIESTA!

¡¡NNNIII MMMEEJJJORRR!!

- ¡Será mentiroso el puto marica hijo de la gran puta!

¡¡ME DUELE!!

- ¡YUUuuJU!
- ¡Aparta!
- ¿Qué coño haces tío?

“”PEEEERROO ES UNN DULZ… AHHH”

- Toma, en toda la boca, sucio mentiroso come mierda.
- ¿Qué pasa Toni?
- ¡Este maldito maricón nos está mintiendo, antes dijo que no había quien le diera más fuerte que yo ni mejor! Y ahora le dice lo mismo a Mario. Es un farsante. ¿No os dais cuenta?
- Es verdad, Mario, lo dijo, yo también lo oí.
- Es verdad.
- Sí, es verdad, Toni tiene razón, es un farsante.
- Por supuesto que sí.
- ¿Y qué se le hace a los farsantes?
- ¡Se les cose a hostias para que no mientan, Toni!
- ¡Eso es! ¿Y la boca?
- La boca con hilo, Toni.
- Esos son mis chicos, esas son las reglas- voceó dando inicio a una tromba de puñetazos, rodillazos y patadas sobre el cráneo del indefenso Sodomio, que en adelante será el nombre del muchcaho.
- ¡Eso es! ¡Dale fuerte Toni!
- ¡En la boca!
- ¡En su mentirosa boca!
- ¡En su mentirosa boca, sí!
- ¡Así se hace!
- ¡Ahora con el exterior, con rosca, como Roberto Carlos!
- ¡No, mejor de empeine como Cristiano!
- ¡No, insisto, con el exterior de rosca, que el roce de tus cordones desgarre sus mejillas!
- ¡Tiene razón, mejor de rosca Toni!
- ¡Traedme la aguja de una maldita vez, para que le cosa la boca a este embustero! Tú no pares Mario, sigue percutiéndole el ano,- ordena Toni clavándole la rodilla en el ojo,- no quiero cortarte el rollo, es tu momento, disfrútalo como si yo no interviniera.
- Eso hago Toni.
- Voy a hacer la de McManaman en la final de Champions contra el Valencia.
- ¡Oh si Toni! Qué buena idea la de McManaman.
- Esa patada está guapísima.
- ¿Pero cómo es? No entiendo de fútbol.
- Rollo Daniel San en Kárate Kid uno.
- ¿Cuando se pone a la pata coja?
- Cuando se pone a la pata coja.
- Jujuju. ¡Hostia sí, Toni, hazla, es muy plástica!
- Ya verás la gente de Francia cuando lo vea.
- ¡Que voy!
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Eeeeeehhhhhhhhhhhhh!!!!!!… ¡¡¡¡Cabrón!!!!
- Goooool.
- Jajajajaja.
- Jooooooder que crack.
- ¡Qué guapo!
- ¿Lo has visto tío, lo has visto?
- Me cago en la hostia, ten más cuidao Toni, casi me cercenas el nardo con la patada.
- ¿Yo? Habrá sido él con su culo.
- ¡Hay que repetirla! ¡Hay que repetirla!, no se ha grabao, el subnormal de Andrés se ha cruzado delante de la cámara justo cuando le has dao, no podemos dejar que no lo vean los franceses, esto nos hará ganarnos el respeto internacional.
- ¡No me jodas!
- ¡Me cago en tu puta madre, Andrés!
- Eres peor que un judío.
- Ojalá un gitano confunda a tu hermana la hippie caravanera con uno de ellos y le esté follando el culo durante diez años para que llegue virgen el matrimonio. Te mereces una desgracia así o mayor.
- Es muy difícil conseguir otra con esa precisión.
- ¡Ánimo Toni!
- ¡Tú puedes!
- ¿Y éste maricón por qué no canta? ¡Canta, hostias, canta, la afición es lo más importante! ¡Eres el número doce!

“Soy un homo.

- No, que se calle, coño, que le desconcentra.
- No, no, para nada, que cante, que cante… me motiva. Me motiva que me recuerde lo que es para darle con mayor energía.
- ¡Canta!

“Soy un homo.

- ¡Voy!
- Por Dios, que nadie se cruce por delante de la cámara.
- Ten cuidao Mario. Que este seguro que aprieta el culo para amputártela.

Un humanoide homosexual.

- No te preocupes.
- Y tú no dejes de cantar, por lo que más quieras.

Y me en encanta practicar

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Eeeeeehhhhhhhhhhhhh!!!!!!… ¡¡¡¡Cabrón!!!!
- ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiii!
- ¡SIIIIIIIIIII!
- ¡Eres el amo!
- ¡El puto amo!
- ¡Lo tengo! ¡Está todo grabao!
- Con la dificultad que tiene cazar la cabeza de lleno con movimiento de las embestidas de Mario.
- ¡Increíble!
- ¿Cómo lo ha hecho?
- Jugó en los cadetes del Rayo.
- ¿Sí?
- Si.
- Y antes en los alevines del Getafe.
- ¡Se nota, tío que sabe lo que se hace!
- ¡Qué sangre fría!
- ¡Que precisión!
- Aquí tienes la aguja.
- ¡A coserle la boca!
- No lo hagas Toni.
- ¿Por qué?
- Sí ¿por qué?
- A lo mejor no mentía, a lo mejor es que realmente soy yo quien le da más fuerte y mejor.
- Jajajaajaja.
- ¡Y una mierda!
- A lo mejor al estar contigo pensó eso, porque realmente en ese momento eras tú, pero al probarme a mí después se dio cuenta de que el verdadero jefe soy yo.
- ¡Qué maricón estás hecho!
- Reconócelo, le has armado todo esto porque has tenido un ataque de celos.
- Jajajaja.
- ¡Toni está celoso!
- ¡Toni está celoso!
- ¡TONI ESTÁ CELOSO! ¡TONI ESTÁ CELOSO!
- ¿Quieres competir conmigo?
- ¡Comprobadlo!
- ¿Me estás retando?
- ¡Sí, comprobradlo!
- ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!
- ¡Aparta de ahí. Vamos a ver quien puede más!
- Todo tuyo.
- ¡Graba bien, que se sepa quien es el amo… quien te peta más fuerte y mejor… no te oigo… más alto… di mi nombre… más alto… más alto!,- ruge dejando caer repetidas veces el peso de su brazo sobre el cráneo de su víctima, a lo Bud Spencer, aumentando la violencia de los golpes en la misma medida en que aumenta su placer,- ¡más alto… más alto!

De repente Sodomio cae desplomando sobre su propio charco de sangre. No se mueve. Le toman el pulso. No tiene.

- ¡Joder!, le has matado te gusto, tío.
- Jajaajjaja.
- ¡Eso es, Toni!
- ¡Eres el campeón!
- ¡Si, Toni!
- ¡Eres el mejor!
- ¡No hay duda de que eres el gran follador!
- ¡El número 1!
- ¡Mejor aún, el 88!
- ¡Ése soy yo!
- Sonríe a la cámara y toma tu premio,- dicen entregándole una litrona de cerveza que alza a lo FIFA World Player.
- ¿Y que vas a hacer ahora que te han otorgado el premio al mejor follador de la temporada?
- Voy a firmar autógrafos. Le voy a dar con el cipote en la frente al mono.
- Jajajajja.

Se giran hacia mí.

- ¿Cuántos años tienes mono?
- Veinticuatro.
- ¡Hostia!... le estoy entendiendo,- exclama incrédulo,- ¡soy el puto Doctor Dolittle!
- Jajajajajajja.
- ¡Pues veinticuatro pollazos que te voy a dar en la frente, amigo!
- Jajajajaja.
- Dame la tinta del matasellos, Perico.
- Toma.

Presiona su miembro sobre la tina y comienza a “firmarme nardógrafos”.

- ¡Y encima gratis, eh! te los estás llevando “por toda la cara”.
- Jajajajajaja.
- Por toda la cara dice.
- Qué guasón.

La verdad es que nunca pensé que fuera tan relajante. Es como un masaje.

Me ponen delante de un espejo para que uno a uno vaya viendo las marcas que me va dejando.

- No podrás quejarte, eh, son unos tatuajes “de la polla”.
- Jajajajajaja.

Una música de fondo llega a mi sentido. Es maravilloso. Un politono… Otro más… Y otro… y otro. Muchos politonos se mezclan. Jamás me había alegrado tanto de oír el sonido de las sirenas, es música celestial para mis oídos. Irrumpen mis salvadores en la sala con contundencia, empuñando sus pistolas.

Brazos en alto. Arrodillados contra la pared. Brazos cruzados a la altura de las nalgas. Esposas. Collejas. Empujones. Mis héroes del ruido. Brotan lágrimas de mis ojos. Los dos señores agentes que me habían arrestado antes por equivocación me levantan amigablemente del suelo. Les quiero. Les abrazo. No sé como agradecérselo.

- ¿Queréis cipotearme la frente,- acierto a decir,- ¿o yo a vosotros? Es guay… relaja…. es como… yoga.

Me llevan con mi amigo.

- ¿Estás bien?,- se interesa.
- Mejor de lo que pensaba. Os quiero, a todos, sois Moisés.
- Me alegro, tío, no sabes cuanto. Ahora tienes que declarar.
- ¿Ahora?,- digo mirando la hora,- tengo una entrevista de trabajo esta mañana, no la puedo aplazar, será sólo un momento.
- No jodas, tío, no puedes.
- Por favor, lo necesito, tú tienes mano en esto, no pasa nada porque vaya un poco más tarde.
- Pero rápido, y vas cagando leches a la comi.
- Ok, pero acércame a casa a que me limpie toda esta mierda.
- Te dejo ahí y me voy.


Ya en casa me doy una ducha y me cambio de ropa. Descuelgo la bici de la pared de la terraza para ganar algo de tiempo en el trayecto. Cae mucho polvo. Toso. Me monto. Me hundo. Las ruedas tienen menos presión que un partido amistoso (la delantera), la trasera menos que un partido contra la droga. Los ruedines están bien. Que no, es coña, están rotos. Vuelvo a colgarla. No tengo bomba.

Bajo a la calle. La alergia me está matando. El semáforo de peatones está rojo, ahora verde. Mientras cruzo saco el paquete de kleenex del bolsillo trasero para sonarme la nariz. Un tipo me dice que no con cabeza e índice. Me encojo de hombros, no entiendo. Sigue diciendo que no con la cabeza y ahora con el índice apunta a mí… señala algo… los kleenex.

Negrura, ese nuevo indicio de emprendedor.

Me sueno los mocos. El tipo junta las palmas de sus manos a la altura del pecho en plan foto de primera comunión a modo de disculpas. Las acepto.

Sigo caminando.

Una tipa me pregunta si soy Sergio Alcover. Le digo que no.

- ¡Ah!, es que como tienes el pelo así para arriba,- se excusa.

Siguiendo sus pautas le pregunto si es Peret… porque es calva.

Lo desmiente, un tanto contrariada, lo que me hace dudar ¿Me estará diciendo la verdad?

Termino creyéndola, no tengo por qué poner en tela de juicio su palabra, a pesar de los indicios contrarios a sus afirmaciones.

- Hablas muy bien el castellano,- apunta.
- Tú también,- respondo.
- Hombre, ya, normal, pero es que yo soy de aquí, llevas mucho en España supongo.
- Desde antes de nacer.
- Se nota, hablas a la perfección, lo que pasa es que uno te ve así, moreno… y se imagina… otra pronunciación… un habla más tosca… más trabada.

Negrura, ese sinónimo de Jiménez Losantos.

- Moreno...
- Sí, bueno de color.
- De color…
- Sí, oscurito de piel.

Negrura, ese gran acaparador de eufemismos.

- A mí por ejemplo una negrita me daba clases de francés… Siona se llama… no sé si la conocerás.
- Mmm… no.
- Que es así alta, de pelo rizado.
- Mmm… no.
- Que tiene tres hijos ya mayores, casaos y todo.
- ¡Ah! Pero que es una mujer mayor.
- Claro, tienen sesenta años ¿la conoces?
- Que va, pero es que como dices negrita, con el diminutivo, me imaginaba una niña pequeña, no a una anciana.
- No, que va, que va, digo negrita porque es negrita.

Negrura, ese elixir de la eterna juventud.

- Pues no, no la conozco.
- Sí, hombre, que vive en la Avenida Belvis, dos calles más abajo.
- Que va…
- Y tiene un perro que se llama Pilo.
- Mmm… no.
- Seguro que la ves y sabes quien es.

Negrura, esa comunidad que de reducida que es, de pocos ejemplares que tiene, todos se conocen.


Llego al ayuntamiento en busca de un puesto de trabajo que he visto anunciado en el periódico y del que estoy cien por cien seguro será mío.

- No eres lo que estamos buscando.
- ¿Por qué? Soy el hombre perfecto, cumplo todos los requisitos para ocupar el puesto.
- El anuncio lo dice bien claro,- me dice señalando un pequeño apartado de los clasificados del periódico local,- “Ayuntamiento busca varón blanco para hacer de Baltasar en Cabalgata de Reyes”, y tú eres negro, no das el perfil.
- Pero… es que Baltasar es negro.
- ¿No me digas?
- ¡Si!
- ¿Hablas en serio?
- ¡Claro!,- respondo enseñándole la propaganda de juguetes de unos grandes almacenes que llevaba encima para probar mi argumentación,- ¡es éste!
- Pero queda más gracioso… para los niños... es menos chocante… resulta más simpático con unas capitas de Kamfor.

Me arrepiento de haberme limpiado los nardógrafos, quizá era una señal del destino.

- Pero…
- Lo siento pero no. Otra vez será. Ya habrá algo para ti.
- ¿Y de otra cosa?…
- ¿Cómo qué?
- Po-po-podría hacer de Melchor… o Gaspar, qué sé yo.
- Pero… si no eres blanco, chico, ¿qué estas diciendo? ¿te has vuelto loco?
- Podríais pintarme... ¿no?
- No… ¿Para qué? si aquí somos todos blancos… no tiene ningún sentido, ¿para qué pintarte a ti?
- Pues para…
- No es gracioso. Ni necesario. Venga, no me hagas perder más tiempo con chorradas, haz el favor.

La verdad es que tiene razón, no sé como se me habrá ocurrido semejante estupidez.

Me marcho.

Transcurridos cientocincuenta metros unas voces hacen que me vuelva. Llaman mi atención a lo lejos. A las puertas del ayuntamiento. Viene hacia aquí.

"Tengo curro, ¡lo tengo!"

Está cada vez más cerca. Reconozco esa figura. Es Peret.

- Estaba pensando que a lo mejor a los hijos si les conoces,- dice,- el mayor se llama Carlos... que se así fuertote.
- Creo que no.
- Que trabaja en la Renault y tiene un hijo que se llama Flori.
- Mmm... no.
- A la mujer a lo mejor sí...

En la parada del bus un chaval brasileño es preguntado por dos compañeros de trabajo si vino en patera.

- ¿De Brasil?... si en avión son doce horas, loco.
- ¿Y qué pasa?
- Que como va a ser, si son doce hora de avión… en patera te muera vamo… e imposible.
- Tardarías un huevo no…
- Yo que sé, yo vine en avión, loco.
- ¿Seguro?
- Yo le creo.
- E que e imposible… ¿si la gente se muere crusando el estrecho… como va cogé un cayuco pa crusá el Atlántico?
- No sé, tronco… no te veo cogiendo un avión.
- Que sí, hombre, que es un tío legal, no nos engaña.
- E que e imposible… imposible…

Reparo en que, si bien para ahí la 506, estoy en la parada contraria al trayecto que quiero realizar. Debería estar justo enfrente, donde se están montando los pasajeros. Se me va. Se me va ¡Menuda mierda! Voy a tardar más de la cuenta en ir a declarar.

Esprinto para cogerlo. Está arrancando. Una vieja grita algo de su bolso.

- ¡Al ladrón!

El autobús se ha ido.

¡¡TOUCH DOWN!!

Al menos llegaré antes a comisaría.

“Por favor, espere, en breves momentos atenderemos su llamada”

(Musiquita)

“Por favor, espere, en breves momentos atenderemos su llamada”

Tuuu (sonido de línea)… Tuuuu… Tuuu…

- Buenos días, le habla la operadora Carmen García ¿en qué puedo ayudarle?
- ¿Hola?, ¿Carmen?
- Sí, ¿qué desea?
- ¿Eres Carmen o el genio de la lámpara?
- ¿Cómo?
- Decía que quería un teléfono móvil con cámara.
- De acuerdo, ¿podría decirme antes su nombre?
- Mirko.
- ¿Aaapellidos?
- Zabalev.
- A ver, a ver, no le encuentro ¿Su DNI?
- X1899654321-E
- ¿E de España?
- De Estonia, pero vivo en Málaga.
- No, la letra, creo que dijo la E, por eso le preguntaba si “E” de España.
- No, de Estonia.
- No, le pregunto si la letra de su DNI, NIE en éste caso, es la “E” de España.
- ¡Ahh!, sí, sí, “E” de España… y de Estonia.
- De acuerdo. A ver, repítame el DNI si es tan amable.
- Lo soy señorita: eq…
- Señora.
- Vaya, quien lo diría, tiene usted voz de señorita.
- Pues tengo dieciocho.
- Uoo! Qué mayor!
- No me refería a edad, si no a hijos. Tengo dieciocho.
- ¿Qué me dice?
- Lo que oye.
- ¿De distintos partos?
- De distintos partos, jovencito.
- ¡Jovencito!, jaja, hace al menos seis décadas que no me decían eso.
- Vaya, ya es usted mayor.
- Depende para quién.
- Para mí, por ejemplo.
- ¿Pero cuántos años tiene?
- Treinta y seis.
- ¿Treinta y seis? Dios mío, ¿y cómo hace para sacar adelante a tantos niños?
- Empujo… respiro hondo y empujo.
- ¿Qué?
- Durante el parto.
- ¡Ah! ¿y después?
- Nada, se hacen cargo de ellos los padres, no tengo relación con ellos… con los niños, con los padres sí.
- Relaciones carnales, entiendo.
- No por Dios, ¡qué asco!, Dios me libre de acostarme con esa gente. Soy lo que vulgarmente se dice madre de alquiler, no me revuelco con ellos, el único que me toca es mi marido. Elaboramos el producto y lo suministramos. No more.
- ¿Qué me dice?
- Así es.
- Ahora entiendo tantos niños, repartidos es un poco más llevadero.
- En realidad sólo tenemos de clientes a un matrimonio.
- ¿Cómo? ¿Para qué quieren tantos niños y tan seguidos? ¿Cómo los sacan adelante?
- No sé debería pregúntarselo a ellos.
- …
- ¿Oíga?
- Si.
- Se quedó usted callado, pensaba que se había ido.
- No. Estoy estoy aquí.
- Bien. Pues dígame su NIE.
- Claro: X.
- Sí.
- 189.
- 189.
- 654.
- Sí.
- 321, letra E, de Estonia.
- Ok. Le repito. X… 189… 654… 321… letra E, de Estonia.
- Ése soy yo.
- Ujum!, pues no le encuentro señor en la base de datos, repítame el nombre.
- Mirko.
- Deletréemelo por favor.
- Madrid Italia Roma Kenia Oslo.
- ¿Y el apellido?
- Zabalev. Z- A- Brasil – A – Letonia – Estonia- V.
- Ujum! Pues no ¿su número de teléfono?
- 618.
- 618.
- 27.
- 27.
- 46.
- 46.
- …
- Dígame los dos últimos números por favor.
- Cuatro y seis.
- ¿Cuarenta y seis otra vez?
- ¿Otra vez? No, sólo una: 618 27 46.
- Faltan dos números señor.
- Eh? Ah, sí, perdone! El prefijo, se me olvidaba, el 95.
- No, pero el fijo no, el móvil.
- No tengo.
- ¿Cómo que no tiene?
- No tengo, precisamente le llamaba porque quería uno, con cámara, se lo dije al principio.











¿ Por qué no lo fichó el Valencia...






... si es un murciélago?







Voto por que sea el nuevo



no le hace falta ni la capa




ya le viene de serie.


y por lo que reza la imagen, valor, no le falta.





Hola, Diávolo, soy Harry. Tengo 27 años. Te escribo porque últimamente no sé qué me pasa pero tengo unos deseos irrefrenables de matar que a duras penas logro repimir. Me paso las horas fantaseando con aniquilar gente. Durmiendo, despierto, da igual. Hasta ahora he podido controlarlos, pero noto que se me está yendo de las manos. ¿Qué puedo hacer? No quiero ir a la cárcel.

Harry. Alabama.


Diávolo: alístate al ejército.

Y espera a que te manden a alguna guerra o misión. Ahí estarás, por hacer un símil con el mundo de la hostería, como en un garito con “bala libre”, en el que tu uniforme militar viene a ser el flyer, el pase que te acredita y da derecho a saciar tu sed de sangre (pam, pam, pam) tantas veces como te parezca y quieras, sin temor a que te enchironen. Evidentemente el “pam, pam, pam”, es sólo una idea, también puedes hacer “ratatatá”, o “boom, boom, boom”o “siiiuuuuuuuuuuuuu puuum”, o ser más de andar por casa y tirar de cuchillo, o que por alguna extraña razón inexplicable seas amigo del garrafón y prefieras utilizar tus rudimentarios puños o practicar el siempre eficaz partimiento de cuello manual. Sea lo que sea, lo tendrás en la carta, sin tener que poner un mísero céntimo de tu bolsillo, desde elitistas cazas con misiles inteligentes a simples navajas, pasando por tanques, granadas o sofisticados rifles de precisión, para que puedas elegir la forma y modo de tu divertimento. Como si quieres dejar la consumición a medias, pegarle un tiro en la rodilla e irte. Hay gente que disfruta más con el puntillo (descargas eléctricas en genitales, fustazos en espaldas, amputaciones, quemaduras…) que con una verdadera borrachera.


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Es indignante la forma en que hablas del ejército, de las misiones, de las guerras, como si fueran asesinos. Deberías informarte un poco más y cerrar el pico.
Rifles.

Diávolo: hombre, un tipo cruza la calle, a sabiendas que el otro suele estar a esas horas echando una cabezadita en el parque, para aprovechando su indefensión cargárselo a tiros.

No sé a ti, pero a mi me huele a asesinato.

Un tipo cruza, ojo, medio mundo, armado hasta las cejas con una estrategia, ojo, superingeniosa y supercurrada para, ojo, matar, qué sé yo, vietcongs.

No sé a ti, pero a mí me huele a lo mismo.

Seguramente para la opinión pública, el ejército, el Estado, no, pero seguro que para la family del agujereado lo menos importante sea si el tipo en cuestión se enfundó el uniforme militar para la ocasión o iba de sport y chanclas cuando confundió a papi, mami, hermanito, quien sea, con una simple diana móvil. Asesinado fue, a fin de cuentas.

Hé aquí una transcripción literal de la conversación mantenida por dos soldados norteamericanos durante la Guerra Bush, más conocida por la versión sinónima del nombre, la Guerra del Golfo.

  • ¿Ha sido en la frente colega? No, en serio tío, ¿Ha sido en la frente o no? Desde aquí no veo bien. Dímelo coño, que si no voy a tener que asomarme. Espera, espera. Shh. Viene alguien. Calla.

Se oyen disparos. Pam, pam, pam.

  • ¡Sí!, ¡joder!, ¡sí!, ¡de puta madre!, cien de la frente, y noventa del cuello de éste que ha venido ahora, ciento noventa puntos, más los cuarenta del hombro, y los setenta del pecho de antes de comer, hacen un total de trescientos puntazos. ¡Yuuuujuuuuu! ¡Voy en cabeza! ¡Soy el líder de la etapa!


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Buenas, Diávolo, estoy confusa y destrozada. Desde hace como tres años estoy con la mosca detrás de la oreja, segura de que mi marido me la pega, de que mantiene otra relación paralela, sólo que nunca pude demostrar que lo hacía. Cansada como estaba de la situación, de ser la cierva tonta y permisiva que consiente todo a su marido y no hace nada, no me quedé atrás y desde hace más o menos año y medio mantengo también una relación paralela con otro chico, Pep, del que siento estoy enamorada. Ayer mi hijo, bueno, nuestro hijo Jordi, me alertó de que había oído a su padre hablar por teléfono muy acaramelado y quedar con alguien al día siguiente, o sea, hoy por la tarde al salir del trabajo en un apartamentito que tenemos a las afueras, porque, palabras textuales “tenía muchísimas ganas de fo***” y lo que sigue. De lo del apartamento no me enteré hasta que le seguimos con el coche a la salida de su trabajo, el muy cerdo llamó al timbre y le abrieron, le había entregado hasta la copia de las llaves de nuestro apartamento. Esperé diez minutos y salí del coche, Jordi me quiso acompañar, pero le dije que era mejor que esperara ahí, tiene sólo diez años el pobre, estaba tan nervioso, me dio un abrazo fortísimo y se echó a llorar. Me dijo que fuera fuerte y que le diera un toque al móvil por cualquier cosa para entrar a ayudarme, el también tiene copia de la llave. Le di un beso en la frente, esperé a que se calmara un poco y fui con aire decidido al apartamento. Al llegar a la puerta me quité los tacones para no hacer ruido, desde ahí se oían unos gritos que de sobra me eran conocidos, abrí la puerta lo más despacio que pude y fue de puntillas hasta la habitación donde estaban. Al verlos tuve que salir corriendo sin hacer ruido de ahí, sin decir palabra, sin que me vieran, no tenía ni ganas de cerrar la puerta a mi paso, pero tuve que hacerlo, despacito, sin hacer ruido, hubiese arrancado esa puerta de un portazo, de la rabia, como podía estar pasando eso, estaba enrollándose con Pep, mi Pep, con mi Paco, mi Paco, con mi Pep, siempre he sabido que andaba con más gente, es lógico, yo estoy casada, tampoco iba a pedirle fidelidad cuando yo misma estaba a dos bandas, pero no sé, ¿con Paco?, tengo la sensación que se ha estado riendo de mí a mis espaldas, pero tampoco puedo decirle nada, ni a uno ni a otro, me estaría delatando, mi hijo me tiene en un pedestal, estaría tirando piedras contra mi propio tejado, es que no me lo creo, qué le digo a mi hijo, no supe que decirle cuando entré al coche, no paraba de preguntarme qué pasa mamá, qué ha pasado, al verme hecha un mar de lágrimas, qué va a pensar de mí, con todas las personas que hay en el mundo… va mi marido y me engaña con mi amante ¿Qué hago?
Tami. Girona.

Diávolo: ¿un trío?


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Un pequeño espacio para los anuncios. Contactos.

Falo torero busca vagina apoderada para futuras corridas que le dé calor y le acompañe en los momentos duros.

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Sé que mi hijo toma drogas, el me jura y perjura que no, y todas las pruebas médicas que le hemos hecho a lo largo de este año han dado negativas. Pero yo sé que se droga, aunque no puedo demostrarlo.
Juli, 46 años.

Diávolo: te entiendo perfectamente, a mí me pasa lo mismo, sé que puedo volar, pero oye, como son las cosas, que por más que lo intento no hay forma de demostrarlo.

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Hola, Diávolo ¿los esquizofrénicos tienen sentimientos?
Raúl.

Diávolo: depende del color que tengan los ojos.


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Hola, Diávolo, soy Isabel otra vez. Muchas gracias por el cuento de los perros, a la niña le encantó. Me preguntaba si podrías crear un cuento sobre príncipes para ella. Gracias.
Isa.


Diávolo: érase una vez un apuesto príncipe. Alto y rubio él. De ojos verdes, y una piel de blancura próxima al tip-ex. Felizmente, tras descartar ésta a miles de pretendientes, contraía matrimonio aquella noche con la límpida y angelical Bardema, su princesa, y desde entonces la de todos los del reino, sin duda la más nívea y rubia fémina del lugar, agraciada con una belleza singular, sólo comparable a la de los dioses, conocidos por ella como suegros; y sus hijos, conocidos por ella como churri, pues más descendencia no tenían los monarcas de aquel paradisíaco territorio que su marido.

Como decía, era noche de boda en aquella colorida y floreciente primavera medieval. Los pajaritos cantaban, los relámpagos hacían de improvisados paparazzi, y aunque era de noche hacía una poco de sol, para que fuera todo un poco más bello e insólito. Las nubes, cargadas de emoción por el acontecimiento, no chocaban, se abrazaban, escapándoseles unas cristalinas lágrimas que refrescaban la ceremonia, con cuidado de no mojar a los invitados, ni a los protagonistas, ni al cura. Para ello, contaban con la inestimable colaboración del viento, muy leve, muy suave, que se encargaba de ubicar a las gotas, desplazándolas, dándolas acomodo en lugares estratégicos sobre las flores, a las que daban brillo, produciendo en ellas un efecto similar al rocío que le daba un toque mágico al momento.
Tras el sí quiero de los enamorados, el apasionado beso que selló el enlace, y el consiguiente estallido de júbilo, se congregaron las gentes pudientes del reino, y alrededores, en el castillo, donde Saliván, el maestro cocinero de más renombre del mundo, preparó de forma magistral los más suculentos manjares jamás probados por el hombre.

Atravesando la primera de las cuatro etapas que conformaban esa exquisita pendiente gastronómica cuya ascensión hacía cima en el cielo de la degustación, los selectos paladares de los comensales quedaban a cada bocado más fascinados por las apetitosas delicias que gracias a Saliván tenían el placer de saborear. Tan sólo el príncipe no fue partícipe de ese sentimiento casi unánime que rendía pleitesía al buen hacer del cocinero en la sala.
Apenas probó el entrante retiró el plato.

  • Traedme un frasco, una lata,- gritó.
  • ¿Algún problema majestad?,- se interesó Saliván,- puedo prepararle alguna otra cosa si no es de su agrado.
  • No. Sólo un frasco, una lata.

Salivan mandó traer el recipiente inmediatamente y se lo entregó al príncipe, que ante la mirada incrédula de los presentes comenzó a lamerlo con el mismo entusiasmo y satisfacción que ellos mostraban al paladear el rico entrante preparado por Saliván.

Uno a uno fueron sirviéndose los platos, y uno a uno, tarta nupcial inclusive, fueron rechazados por el príncipe, inmerso cada vez más en ese incansable lameteo del frasco de cadencia demencial y próxima ya a la locura.

La gente no daba crédito… porque no existían los bancos.

Llegó la hora del baile. Sonaron violines, flautas, chelos…interpretando las más sutiles melodías, y el príncipe seguía chuperreteando el tarro, rehusando sacar a bailar a la princesa, que lejos de molestarse, le defendía de los tímidos comentarios adversos que hacían hacia su persona:

  • A todo el mundo no le gusta bailar, además, es normal que esté nervioso, acaba de casarse, ha dado un paso muy importante, aún tiene que asimilarlo,- le excusaba viendo como sin despegarse un instante de él, lamía y lamía el frasco de manera enfermiza.

En general, podría decirse que a pocos parecía incomodar la actitud del príncipe, que siguió de lametazo en lametazo durante todo el festejo.

¿Estará ejercitando la lengua para mí?, se preguntó la princesa muy picarona al ver la habilidad con que su amado pulía milímetro a milímetro cada rincón del recipiente.
Entonces recordó aquello que le respondió el príncipe cuando aún eran novios, al pedir ella que le desvelara un importante secreto, cuál era su comida favorita.

  • De primero conejo en salsa, de segundo dos buenos filetes, y de postre un chorreoso higo.
  • ¿Y entre horas? Para pasar el rato.
  • Para pasar el rato, lo mejor, la pipa… bien saladita.

Un cosquilleo recorrió todo su cuerpo, no veía la hora de salir de ese lugar y disfrutar de aquel laming y sucking que le tenía preparado su esposo. Sentía mayor atracción por él, segura de que le quería más, y se deleitaba ahora viendo la soltura con que se desenvolvía el joven. En realidad todos lo hacían, todos le miraban boquiabiertos, con admiración, hasta tal punto que le dedicaron una ovación. Chupando una lata, qué lección, con los manjares que hay, es tan humilde, se oía. Bravo, braaaaaaa vo. PLASPLAS, PLASPLAS, PLASPLAS, PLAS...

Acabose la celebración, y fuéronse los tortolitos de luna de miel al olimpo, un lugar hermoso, majestuoso, cuyo goce estaba destinado sólo a los dioses. Del techo colgaba una mosquitera dorada que cubría toda la cama. Había velas a lo largo y ancho de la habitación, sostenidas por las manos adiamantadas de las detalladas estatuillas de los recién casados que hacían las veces de candelabros. También las alfombras tenían dibujados sus rostros, besándose. Había fruta, mucha fruta, chocolate, dulces y diversos licores. La princesa se puso cómoda. El príncipe mientras tanto se cuidó de quitar los retratos de sus padres de sus respectivas mesitas de noche, le daba como yuyu, parecía que le estuvieran viendo.

Cruzáronse sus miradas.

Contemplaba ahora el príncipe la belleza de su amada en todo su esplendor. Sin más adorno que el de su largo pelo rubio cayendo sobre sus hombros. Era sencillamente preciosa. Más de lo que uno es capaz de imaginar. No pudiéndose diferenciar al momento de verla lo real de la fantasía.

Sus miradas volvieron a cruzarse, con ese un-dos un-dos, ese movimiento pingpongnesco de los ojos yendo de aquí allí, a una velocidad vertiginosa y en un espacio muy reducido.

La tórrida Bardema no pudo aguantar la tensión y lanzose al cuello del príncipe, que sin dejar de besarla intensamente la cogió en sus brazos, giró dos veces sobre sí mismo, agarrando febrilmente su cabello, la acorraló jadeante contra la pared y la tendió sobre la cama, boca arriba, presto a completar con ella ese puzzle que hace buena la máxima de que lo sencillo supera lo enrevesado. Ese puzzle elemental que a pesar de partir con el hándicap inicial de constar de sólo dos piezas, tiene a su favor el reservarse un millón de formas distintas de encajarlas, cuya consecución, reporta más placer, más bienestar, que él más inextricable habido aún por inventar.

Sugirió el príncipe entre los jadeos y susurros de los primeros lances de amor que permutaran sus posiciones y fuera ella quien estuviera encima llevando la batuta de esa sinfonía de la pasión, cosa que la princesa aceptó encantada, quedando la conjunción de sus cuerpos formando una “T” a la inversa.

Es tal como imaginaba, se dijo para sí la gozosa princesa, y cerró los ojos dejándose llevar por el júbilo que sentía con cada una de esas caricias que iban in crescendo, poco a poco, hasta de repente extinguirse.

Al volver a abrirlos una imagen desconcertante, esperpéntica, le aturdió, el príncipe, su amor, su cari, con los ojos vueltos al borde del clímax, lamiendo otra vez la dichosa lata desenfrenadamente, con el ansia con que un recién parido hambriento succiona la tetina del biberón fuera de hora.

  • ¡Basta ya! ¡Basta!,- decretó desquiciada Bardema,- ¡elige de una vez! , ¡o ella! ¡o yo!.

El príncipe, oído el ultimátum, la apartó de encima y se aferró como nunca lo había hecho al frasco.

Al parecer, nada en esta vida le gustaba tanto como chupar del bote.

FIN



Upps, soy yo de nuevo Diávolo perdona que te moleste pero es que se me ha olvidado pedírtelo antes con las prisas de que se me quemaba el arroz, al final he tenido que tirar media olla, que es lo que se me ha ido a mí, la olla, ahora que hago yo, que me echo en el tupper ware si apenas queda comida para uno y el torpe de mi marido no sabe ni hacerse unas frankfurt, aliñarse unos tomatitos cherrys, y acompañarlo con un poco de burgo de arias, y perdona por la publicidad pero es lo primero que me ha salido, quítala si quieres, es lo bueno de que no sea en directo, que puedes retocar lo que quieras, y, ojo, no te estoy llamando Urdaci, encima se lo he preparado hoy porque es su comida predilecta, no voy a hacerle el feo de llevármela, tendré que comprarme uno de esos sándwiches rellenos de cremas trituradas que me dan tanto asco en el curro, porque seguro que cuando llegue ya no quedan ni bocatas. Mejor me quedo sin comer, nunca los he probado, pero no sé, la pinta, el sólo recuerdo de la crema de los sándwiches incrustada en los dientes de mis compañeros me da nauseas. Soy algo escrupulosa. Todo esto a qué venía, madre mía, que llego tarde, y en la oficina se han puesto últimamente muy señoritos con la puntualidad, piensa Isa, piensa, que llevas ya dos retrasos (no de regla, de regla sólo uno, sólo tengo a la niña, de seis años) y a la tercera es amonestación (amoLestación según mi jefa, la muy gilipollas no sabe ni hablar pero oye, está por encima mía, menuda empresa, no sé de que container la habrán sacado, ni de dónde se habrá sacado ella la palabra, supongo que como jode que te la pongan, como molesta que te quiten sueldo, pues toma, amoLestación, con dos ovarios, y se queda tan ancha), ay madre que te iba a decir yo, que no me acuerdo, ah, sí, que eso, que se me ha olvidado antes pedirte también para mi princesita de seis añitos alguna historia sobre alguna heroína, y no hablo de drogas, sino de heroicidad, porque ese apartado literario está copado en demasía por hombres. Un beso, un abrazo, y perdona por las forma atropellada de escribir, a lo mejor no se entiende muy bien, pero es que tengo mucha prisa, no me da tiempo ni a releerlo. Que pases un buen día.
Isa.

Diávolo: lamuertedelasalamandra.blogspot.com/2008/05/no-me-llames-puta.html

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Ayuntamiento busca varón blanco para hacer de Baltasar en cabalgata de Reyes.


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¿Cambia algo en el cuerpo humano después de practicar el coito anal? He leído en un libro que el ano vibra cuando ha tenido relaciones anales.
Anuska.


Diávolo: si te llaman mucho y no te quitas el móvil del trasero, sí.

P.D. Si estás jugando al PGR4 y te sientas sobre el mando justo en el momento en que estás chocando, también.


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Tan solo quiero contarlo, estoy destrozado, hecho polvo. Conocí hace más de 3 meses a una chica maravillosa. Al poco tiempo empezamos una relación juntos, todo va perfecto, y aún continúa pero lo que me destroza es que tiene fecha de caducidad. Ella estaba aquí aprendiendo el idioma y trabajando y tiene que volver a su país. Ahí se acaba todo. Me deprime pensar que sin tener ningún problema, y que hayamos conectado en tan poco tiempo como nunca lo he hecho con nadie, se tenga que acabar esto a la fuerza en menos de dos meses. No se que voy a hacer cuando llegue el día, no puedo imaginarme meter en un avión a alguien que esperaba hace tanto tiempo y dejarlo marchar sin saber si volveré a verla...
Jacinto. Córdoba.

Diávolo: pero qué pasa, ¿que no hay más plazas en el avión?
¿Ni en los siguientes?
¿Qué pasa que me estás estafando?
¿Que donde dices su país quieres decir en realidad su extraterrestre planeta del cordón de Orión en cuyas condiciones ya te ha dicho ella que de ir no podrías sobrevivir ni cinco segundos? falto de oxígeno ¿Es eso? ¿Es su “país” veneno para tus pulmones? ¿Eh? ¿A eso que llamas avión es en realidad una avanzada nave interestelar de tecnología inimaginable para el hombre? ¿Eh?
¿Qué pasa que tengo que llamar a los Men in? ¿O a Iker? ¿Eh? A milenio tres…para que cantes, ¿Eh?, ¿Es eso?… ¿Es eso no?... Que ella es de otro planeta y si pisas su tierra la palmas, pero nos cuentas la milonga del país y el avión para no delatarla.
¡La encubres!

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Más anuncios. Idiomas.
Intercambio tu francés por mi griego.

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Soy chico y tengo 38 años recién cumplidos. Soy un tío guapo y con buen cuerpo, simpático y me considero buena gente. Os cuento esto para q sepáis que no he tenido problemas para que las mujeres se fijasen en mí. Con todo, mis relaciones sexuales no han sido muchas porque nunca ha sido algo esencial en mi vida. Llevo 16 años con mi mujer, tenemos un hijo y desde que nació no hemos vuelto a tener relaciones sexuales. Lo he intentado pero no me siento excitado con ella. Una noche salí con los amigos de marcha, bebí algo de alcohol pero no fue nada desmesurado pero un chico se interesó por mí. Me fui con él, quería probar a ver que pasaba. La cosa no fue mal y he seguido teniendo relaciones con tíos pero me pasa que cuando estoy en medio de la faena, siento "asco" y cuando finalizamos el acto sexual, siempre me pregunto por qué lo sigo haciendo con tíos, cuando no se si me va en realidad porque esto nunca me ha pasado cuando he tenido relaciones con mujeres. El asco solo lo siento con los tíos.
Me gustaría saber si a alguien le ha ocurrido lo mismo porque me siento mal, con asco, pero a la vez, siempre busco tener relaciones con tíos...

Diávolo: a lo mejor es que no os limpiáis lo suficientemente bien el culo.


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Buenas, me encanta el olor de mis entrañas, tan así que me sueno la nariz con el mismo papel que me limpio...
Sarita 29.

Diávolo: chocolate con menta, mmm… eres una nostálgica del after eight.



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Hola, Diávolo, a veces chupo los condones de mis padres. Desde que tenía once años.
Gilberto.

Diávolo: mmm… y tú del almax forte y el yosport.




Pero quería saber si es malo tragarme el esperma rancio de la basura.
Gilberto.


Diávolo: hombre, a lo mejor la Conferencia Episcopal te acusa de canibalismo.


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Hola Diávolo, la consulta de Gilberto me ha recordado a mi padre, cuando me pilló la primera vez masturbándome no le pareció mal, pero desde que supo que ya eyaculaba y aún seguía haciéndolo se pillaba unos cabreos de la leche y me gritaba que era un asesino matando a conciencia a esos diminutas personas, sin darles siquiera la posibilidad de nacer, o morirse por ineptitud al no encontrar el camino. ¡Depravado! ¡Que disfrutas matando!,- me decía. De hecho me sigue gritando aún a día de hoy por usar el preservativo, “¡encima los dejas ahí, en esa fosa común! ¡Ten al menos la decencia de incinerarlos! ¡o dales un entierro digno! ¡Asesino!, ¡Asesino! ¡Qué vergüenza! ¡Disfrutas matando!”. A veces incluso hiperventila o se le saltan las lágrimas cuando llevo a una chica a casa y en plena faena irrumpe en mi habitación señalándonos con el dedo acusador y gritándonos: ¡Asesinato!, ¡Asesinato!, ¡No hay derecho a lo que estáis haciendo!, ¡Asesinato!, ¡Asesinato!, no María, suéltame, no puedo dejarlo estar,- le dice a mi madre que sonrojada consigue a tirones llevárselo del cuarto. ¡Asesinato!, ¡Asesinato! Lo siento,- se disculpa siempre mi madre avergonzada al salir. ¡Que es lo que sientes, María!,- se oye tras la puerta,- es un asesinato lo que hace tu hijo. ¡Un Asesinato!
Killer Antonio.

Diávolo: benévolo que es, en realidad es un genocidio.


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Buenas, ando echo una mierda, hoy el juez ha entregado la custodia de mis hijos a la madre, mi ex mujer. El mayor tiene cuatro años y el pequeño dos. Sólo puedo verles un par de días a la semana, durante tres horas, y los fines de semana alternos. Estoy desubicado, vacío, paso las horas muertas sin saber qué hacer, me había acostumbrado a pasar durante estos últimos cinco años de mi vida la mayor parte del día con ellos: jugando, hablando, paseando. Han roto mi rutina. Lo peor de todo es que estoy seguro de que ella sola no va a saber sacarlos adelante, es su madre, sí, y les quiere, muchísimo, pero no sabe educar, se limita a decirles a todo que sí para evitarse el pasar el mal rato del berreo. Es un descontrol, con ella los niños hacen en todo momento lo que ellos quieren, sin importar que esté bien o mal, o pueda ser perjudicial para ellos. Quiero volver a mi rutina, con eso me conformo.
Beltrán. 32 años. Getafe.


Diávolo: esto de entregar la custodia a la madre por haberlo llevado nueve meses en el vientre y haberlo parido, es como que un juez le entregue la custodia a un padre por el mero hecho de que fue él el único que se hizo cargo del niño en un tiempo pasado en que la mujer estuvo dieciocho meses en coma:

  • ¡Ah!, es que durante ese tiempo quien se hizo cargo de él, quien tuvo dolores de cabeza cuando el niño desapareció, quien le alimentaba, quien le llevaba a cuestas a todas partes, quien sufrió cuando tuvo un accidente, quien se jugó la vida al salvarle de que aquel coche que invadió la calzada le aplastara, quien vomitaba todos los días al verle la cabeza abierta… fue él, tú no mujer, estabas en coma, no te diste ni cuenta. Y como dieciocho son más que nueve, para tu ex marido que es íntegra, ¡qué es eso de compartir! A verle sólo éste, éste y este día; durante ésta y esta hora; aunque en teoría seáis tan padres el uno como el otro, no se puede comparar, date con un cantito en los dientes que duerme seis días contigo al mes.

Suena injusto, a barbarie, a absurdo, a irracional. Obviamente la mujer no atendió a su hijo no por falta de ganas, si no por serle materialmente imposible.
Oiganme señores, un embarazo y un parto no es sinónimo de buen educador ni de mayor amor al hijo. Básense en otro criterio a la hora de determinar a quien entregar la guarda y custodia. Si no lo tienen, si carecen de elementos que enjuiciar, no tomen partido de forma arbitraria por una u otro, y denla compartida.


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Me hace gracia que las mujeres siempre estén con que ser ama de casa es muy duro y tal, que es un trabajo poco valorado y reconocido, pero en cambio, cuando son ellas las que trabajan y tú estás en casa, siendo tu única ocupación dedicarte a las labores del hogar y estar de cháchara con los amigos, despilfarrando en tu ocio el dinero trabajado por ellas, te miran mal, y te lo echan en cara, como si fueras un parásito social. Es gracioso. De verdad que si, me hace mucha gracia el doble rasero que tienen según les sea conveniente o no.
Mariano Casero.

Diávolo: pues ríete.


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Buenas por decir algo, Diávolo, te escribo en relación a esa panda de gilipollas que pitó el otro día nuestro himno, y a nuestro rey. A esos que silbaron al Jefe del Estado español, ese que ha conseguido que España sea una sociedad de tolerancia y libertad en la que todo estúpido pueda tener su espacio de expresión. Son mierda. Y yo me cago en la mierda.
Carlos.

Diávolo: primero, ¿Por qué “me cago en la mierda”? Es como decir me meo en el pis, o empapo el agua. Ninguna de esas acciones es molestia para esas realidades en cuestión, no tiene sentido, es su ecosistema. Prueba a combinarlas: me meo en el agua, me cago en el pis, empapo la mierda (la diarrea tiene peor prensa y reputación que la hez sólida). Eso sí puede perturbarlas.

Segundo: quizá sea una especie de Richard Pryor en “No me chilles que no te veo”, pero yo eso de aprovechar el haber ayudado a instaurar la democracia para enriquecerse percibiendo una desorbitada pensión vitalicia y recibir un trato de semidiós por ello, perdona, pero en otros países democráticos, con su tolerancia, libertades y espacio para que cualquier mongol pueda expresarse, no lo veo, y menos aún la locura de que sus hijos hereden estos privilegios por el simple hecho de ser sus hijos. Claro que, a lo mejor tú sí sabes y yo no, que Juan Carlos tiene el jodido copyright de la democracia, y lo que cobra, en realidad, son royalties. Entonces la cosa cambia.

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Hola, soy Gonzalo, mi mujer me ha dejado de buenas a primeras tras quince años de matrimonio, y no sé ni por qué.
Gonza. Álava.

Diávolo: incomprensión.

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Hola Diávolo, tengo miedo de ir con mi hijo al fútbol. No hay derecho a que esté lleno de cafres violentos que no dejen disfrutar del espectáculo a los demás. Habría que hacer algo. ¿Pero qué? Miras al mundo y ves a gente matándose unos a otros sólo porque a la hora de rezar llaman con un nombre distinto a su Dios. A otros matándose por un trozo de Tierra. La gente es subnormal, por eso también los hay que se matan sólo porque animan a un equipo con camiseta distina. Francamente, creo que visto lo visto, lo imbéciles que somos, no hay arreglo, somos una especie retrasada.
Pepe. Almería.

Diávolo: de acuerdo con que la especie humana viene de fábrica con una estupidez de difícil solución, y es normal que te preguntes frustrado si:

¿Ante este panorama de imbecilidad humana es posible erradicar la violencia en el fútbol?

La respuesta es, sí.

Por lo que la pregunta ahora es:

¿Cómo?

Creando secciones de kick boxing, mejor vale tudo, en los clubs, en la que los hinchas puedan inscribirse y reventarse la boca con sus rivales tan ricamente domingo a domingo antes del partido de fútbol, de una forma reglada, pero con el plus de que la modalidad abarca un amplio abanico de posibilidades de fighting, que no limita la capacidad de improvisación a la hora de dar golpes de los contendientes, pudiendo así inscribirse un mayor número de participantes.

De este modo cumplimos tres objetivos:

- Los radicales son felices, siguen pegando hostias por amor a sus colores.
- Ya no existe violencia, sino competi.
- Y por supuesto, ya no es en el fútbol, sino antes de él.

Todos contentos. La vieja teoría de "si no puedes con el enemigo, únete a él".

El gasto es ínfimo. Se lucha con el torso desnudo, no hace falta que para identificarles lleven camisetas con el escudo del club al que representan, porque seguramente ya lo lleven tatuado en el pecho.

El campeonato tendrá un funcionamiento paralelo al de la liga de fútbol profesional, es decir, si se juega un Valencia – Atlético de Madrid el domingo en Mestalla, ese mismo día por la mañana se celebrará la otra LFP (Liga de Fostias de Perjudicaos) en la capital del Turia, actuando los Chés como locales y los Colchoneros como visitantes.

Guapo eh!

Pero ahí no queda la cosa, TRRRRRRRRRRRR (redobles), CHIN (platillo):
LA TRACA FINAL:

Los ganadores tendrán el privilegio de enfrentarse como premio, en una gran final por todo lo alto, en una lucha mano a mano sin porras ni bolas de goma que les amedrenten, a una selección compuesta por los antidisturbios más violentos del territorio español, esos que sin haber puesto aún un pie en el suelo para salir de la cama ya están deseando que a lo largo del día haya la más mínima para poder liarse a hostias con la gente. La creme de la creme del departamento.

La idea ya está. El formato también. Sólo queda ponerla en marcha.


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Vamos ahora con la pregunta de la semana. Breve entrevista a Francisco Franco a.k.a El Caudillo, en este pequeño espacio dedicado al periodismo de investigación.

Diávolo: ¿Es cierto, Francisco, que perdiste la virginidad con un alto mando del ejército republicano?

Francisco Franco: ¡¡¡¡¡Y un huevo!!!!!!




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